Sobre el racismo

Mi humilde opinión, que no la tuya.

La vida está llena de jardines, por lo que alguna que otra vez -de manera inevitable- acabaremos metiéndonos en alguno de ellos. Jardines muy amplios, y es que hay tantos como personas habitan nuestro planeta. Algunos -quiero pensar que los que menos- están llenos de flores feas, negras y con espinas, bien abonadas todas ellas con abundante ignorancia. Es el turno de hablar de ellos, de esos jardines que empañan aún más una sociedad que ya bastantes lacras tiene.

Hoy el fútbol, en parte, se queda a un lado. Toca hablar del racismo, un tema infinitamente más antiguo que cualquier jugador, encuentro o estadio que el mayor apasionado al deporte rey -o así solemos llamarlo- pueda conocer. Un tema que bien guarda alguna similitud con la leyenda de San Borondón, esa isla canaria de la que muchos han oído hablar pero pocos han llegado a ver. El racismo es un fantasma asustadizo.

No nos remontaremos al inicio de esta cuestión puesto que el datarlo compartiría título con aquella serie de películas que dio comienzo mediada la década de los 90 y que tenía a Tom Cruise como protagonista. Seguro que ya sabéis de cuál os hablo. El racismo es una cuestión por la que no pasan los años y que debemos tratar desde el presente, con el futuro más próximo en el horizonte y echando la vista atrás para no cometer viejos errores.

El deporte en general -y el fútbol en particular- no se libra de un problema que siempre se acaba camuflando en la sociedad cual insecto palo en la corteza de un árbol. Un problema que tiene difícil solución de mantenerse la histórica tónica social.

¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio. – Albert Einstein.

Soy de los que piensa que las personas, genética aparte, somos un folio en blanco sobre el que se va escribiendo, una figura de arcilla que se va moldeando con el paso de los años y las experiencias. Es aquí donde la sociedad -empezando cada uno por barrer su pequeña parcela- debe actuar, porque uno racista se hace, no nace.

Es triste, bastante triste. Se trata de un guerra muy particular, compuesta por tres bandos; aquellos que lo han sufrido en sus propias carnes, los que lo han presenciado y los que lo han llevado a cabo. Un conflicto injusto, otro más.

Una guerra que libra batallas por todo el ancho y largo del globo, y es que el racismo -como bien explica la RAE- no es unidireccional cromáticamente hablando, sino que es la mera supremacía de un grupo étnico por encima de otro motivando la discriminación o persecución de este último. Ahora bien, cada uno conocerá de un tipo distinto.

Un problema que la institución pertinente, deportivamente hablando y llamándose como se llame, debe cortar de raíz. Mientras que las sanciones para los infractores sean menores que para los clubes que respalden y apoyen al individuo afectado esto nunca acabará, tengámoslo por seguro.

El deporte, ese potente altavoz tantas veces utilizado a modo reivindicativo, no puede quedarse de brazos cruzados viendo como la sociedad avanza sin atisbo de evolución alguna. Puede que fuese un buen comienzo del cambio, o al menos un digno intento de ello.

Odiar a la gente por su color está mal. Y no importa qué color hace el odio. – Muhammad Ali.

Pero bueno, la vida sigue y poco o nada cambia. Volveremos a disfrutar del espectáculo y nos olvidaremos del racismo hasta que a no mucho tardar volvamos a vivir otro episodio con el que indignarnos y poner el grito en el cielo. Un bucle, o algo así se hacía llamar.

Una nota, la mía, vacía para muchos y no tanto para otros. Eso sí, dicen que el movimiento se demuestra andando. Pues eso.

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