Roger Milla, el león incansable

El principal motor del fútbol camerunés.

Si les hablo de Albert Roger Mook Miller puede que no sepan que me estoy refiriendo al considerado como mejor jugador africano de todos los tiempos. Ese delantero letal y de zancada larga que entró a la historia de los mundiales en 1994, ante la sorpresa de propios y extraños. No es otro que Roger, Roger Milla.

Podemos decir que nuestro protagonista aprovechó al máximo una dilatada trayectoria, la cual se extiende por tres décadas. Roger Milla nació mediado el S. XX, en Yaundé, en el más puro corazón de África, ese continente tan rico como olvidado. Lo que nadie sabía era que aquel espigado adolescente que debutó con apenas 14 años en las filas del Eclair de Douala se convertiría en una leyenda del fútbol mundial.

El inicio de su trayectoria se remonta a 1966, cuando en el mencionado y humilde club de la considerada como mayor ciudad del país, Roger comenzó a destacar. Aquella progresión no pasó por alto para nadie, pero el fútbol africano estaba aún más abandonado que el actual. Aún así, tras cinco campañas en el Eclair, le llegó la oferta del Leopards. Cambiaría de equipo, pero no de ciudad.

El club, que actualmente vaga por la cuarta división del fútbol camerunés, era por aquel entonces uno de los punteros en el balompié nacional. Para muestra, un botón. En la década de los ’70, con Roger en sus filas, levantó tres campeonatos ligueros de manera consecutiva.

Fue allí donde nuestro protagonista pasó de ser conocido como Miller a hacerlo como Milla, algo que le daba a su apellido un toque mucho más africano, lo que el aficionado agradecería. Además, todo esto coincidió con su mejor etapa sobre los áridos terrenos de juego cameruneses. Roger comenzaba a forjar la leyenda que años después acabaría siendo.

El fin de esta gloriosa etapa del club, casualidades de la vida o no, finalizó al tiempo que Roger abandonó la disciplina. El Tonnerre Yaoundé, equipo que décadas después sería también casa de George Weah, lo incorporó a sus filas. Ambas partes salieron ganando, el Tonnerre conquistó la Recopa de África mientras que Roger se dio a conocer de manera internacional.

Como buen diamante africano que era, llegó al viejo continente de la mano del fútbol francés. Su adaptación al balompié galo no fue para nada fácil, prueba de ello son sus pobres registros en Valenciennes o Mónaco, a pesar de haberse proclamado campeón de la Copa de Francia con el conjunto del Principado. Pero lo mejor estaba por llegar, el Bastia llamó a su puerta para dar comienzo a un hermoso matrimonio.

Con el conjunto corso logró una hazaña histórica. Más allá de la evidente mejoría en sus registros goleadores, aupó a los cielos de París, nuevamente y por segundo año consecutivo, la Copa de Francia. Una gesta que trasciende de lo meramente futbolístico, y es que la rivalidad entre la comuna francesa de Bastia y el propio estado dejó alguna que otra revuelta. La más conocida de ellas fue una sonora pitada al himno nacional, algo que sentaría un precedente para futuras sanciones.

Aquella gloriosa etapa llegó a su fin en 1985, cuando Roger decidió bajar al barro de la segunda división para sacar de él a un histórico Saint-Étienne que pasaba por serios apuros. Y lo consiguió, llevando a los suyos a conquistar el título de campeones de la Ligue 2. Su heroica actuación le sirvió para seguir agrandando la leyenda y convertirse en el ídolo de una afición más.

Su aventura en Francia, motivada en parte por su edad, iba llegando poco a poco a su fin. Tocaba volver a casa, aunque no sin antes pasar dos temporadas en Montpellier y otra en Reunión, colonia de ultramar en la que conquistó el campeonato local defendiendo la elástica del JS Saint Pierroise. Una vez finalizada esta curiosa aventura, se enroló de nuevo en el club de sus amores, el Tonnerre Yaoundé.

Aquel regreso fue breve, y es que un nuevo reto se vislumbraba en el horizonte. Era la hora de jugar en Asia, en concreto en la liga de Indonesia. Allí, ya rondando el medio siglo de edad, anotó goles de todas las formas y colores para acabar poniendo fin a una dilatada carrera. Los años pasaban pero todo seguía igual, el gol se mantenía fiel a su lado.

Pero hablar de Roger Milla sin mencionar su papel en el combinado nacional, debería ser considerado un delito. Se erigió como uno de los líderes de aquella generación camerunesa que conquistó dos Copas de África consecutivas, además de haber participado en hasta tres Copas del Mundo sin olvidarse de los JJOO de 1984, celebrados en Los Ángeles.

Su trayectoria internacional, más allá de sus 37 goles en 102 participaciones, es digna de estudio. Italia ’90 encumbró su figura, poniéndola a la altura de los grandes jugadores del mundo. Después de una dramática eliminación en España ’82, la selección camerunesa quedó encuadrada en un complicado grupo en el que Argentina y Rumanía eran quienes se llevaban los halagos. Roger, ante el combinado europeo y saliendo como suplente, firmó el primero de sus dos dobletes en el campeonato.

El abuelo aún tenía gol, y si no que se lo pregunten a una Colombia que se vio apeada en octavos con otros dos tantos del león más veterano. Roger aniquiló al conjunto cafetero y selló el pase a cuartos, donde Inglaterra esperaba. El combinado inglés sería quien acabaría accediendo a las semifinales, no sin tensión de por medio. El sueño se había acabado, no habría otra aventura mundialista para él.

Pero no, quedaba una última bala en el cartucho de Milla. Una llamada del presidente de la nación días antes de la convocatoria final para Estados Unidos ’94, propició la inclusión del ariete en la lista Henri Michel. Su labor en aquella joven plantilla sería principalmente de apoyo moral. La veteranía, unida a su saber estar, sería de gran ayuda para un elenco de inexpertos talentos que buscaban entrar en la historia del fútbol.

La polémica llenó las portadas de los medios del país. Había quién consideraba que Roger, por el simple hecho de tener 42 años, no daría la talla. Estaban equivocados. El león siempre ruge una última vez, por mal que esté.

Ante Rusia, y con la eliminación bajo el brazo, Milla fue capaz de anotar el único tanto camerunés en aquella inspirada tarde de Salenko. El duelo le dejó un agridulce sabor de boca, y es que a pesar de la media docena que les endosó el conjunto europeo, Roger se convirtió en el goleador más veterano en una Copa del Mundo, un registro complicado de superar.

Su personaje, icónico dentro del fútbol, fue reconocido en más de una ocasión. Galardonado como mejor jugador africano del año en varias ocasiones, así como de la historia, también forma parte de la famosa lista de los cien elaborada por Pelé. Embajador de UNICEF en su país, ha reconocido públicamente su deseo de ser presidente del mismo. Estaremos atentos.

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