¡Otro, otro!

Japón Sevilla y Peternac fueron los protagonistas de aquella tarde.

Oviedo, 19 de mayo de 1996. El Real Valladolid, inmerso en la lucha por la salvación, visitaba el viejo Carlos Tartiere en la que prometía ser una nueva tarde lluviosa y primaveral. El objetivo de los pucelanos no era otro que batir a un conjunto asturiano ya salvado, con el único fin de alejarse aquellas plazas que daban acceso al dramático playoff de descenso, ese que se disputaba ante el tercer y cuarto clasificado de segunda división.

No solo cabía la posibilidad de promocionar, sino la de bajar a la categoría de plata de manera directa puesto que el Mérida acechaba a tan sólo dos puntos.

El cometido era claro; debían ir a Oviedo, conseguir esa valiosa victoria y volver a casa para acabar de certificar la permanencia en la última jornada, ante los suyos. Y así sería, aunque el desarrollo del encuentro fue kafkiano. El encargado de dirigir aquella contienda, que a la postre pasaría a ser historia de nuestro fútbol, era el colegiado andaluz Japón Sevilla.

Las gradas del estadio se tiñeron de blanco y violeta, y es que alrededor de 2.000 aficionados se desplazaron hasta la capital del Principado para apoyar a los suyos. El equipo venía en una buena dinámica. La llegada de Cantatore en la jornada 25 supuso un enorme balón de oxígeno para un conjunto que había tenido pie y medio en segunda división. Tenían ante ellos una oportunidad de lujo y no la querían desaprovechar.

El encuentro comenzó y bien pronto se convirtió en una pesadilla. A los pocos minutos de juego Japón Sevilla señalaba el que sería el primer penalti del encuentro, el cual Christiansen no desaprovecharía para adelantar a los carballones. A la media hora Peternac, también desde los onces metros, puso las tablas en el luminoso para que antes del descanso Christiansen firmase su doblete. Los pucelanos llegaban al ecuador del partido en desventaja, aunque no imaginaban lo que sucedería en el segundo tiempo.

Antes de llegar al minuto 50 Peternac, nuevamente desde el punto de penalti, igualaba el marcador y comenzaba a erigirse como el héroe de la tarde. Quevedo, otro de los nombres clave de aquel día, culminaba una remontada que el entonces yugoslavo acabaría de materializar, con otra pena máxima más. La locura se apoderaba de una grada visitante que festejaba la ya más que cómo victoria de los suyos. Pero aún había más, quedaba la traca final.

Ya en los últimos minutos el conjunto azul recortaba distancias para que Quevedo firmase su particular hat-trick. Esto, aún así, no le sirvió para ser el protagonista de la noche, figura que con el permiso de Japón Sevilla, correspondía al ahora jugador croata. Ese repóquer de tantos sirvió para que Peternac superase la barrera de los 20 goles, siempre difícil de conseguir en primera división.

11 tantos en el encuentro, 3 para unos y 8 para otros. El Real Valladolid salvaba su particular bola de partido y dependería de sí mismo en una última jornada donde se mediría al Betis.

Pero no debemos olvidarnos del señor árbitro, el encargado de señalar los seis penaltis que convirtieron a este duelo en el que más penas máximas ha tenido en primera división. Japón Sevilla, de nombre José, fue duramente criticado. Y no sólo Iván Brzic, técnico del Real Oviedo, sino también por el colegio de árbitros.

Tiempo después, en el año 2000, acabaría abandonando el mundo del arbitraje coincidiendo esto con su descenso de categoría, cosa que años antes el Real Valladolid y ante su atenta mirada, había evitado.

Pero no todo serían malas noticias para José, y es que acabaría siendo nombrado cónsul honorífico de Japón en la ciudad de Sevilla. Este pequeño homenaje, según dicen las malas lenguas, no fue por su carrera como colegiado.

De una forma u otra, para bien o para mal, siempre quedará en el recuerdo aquel «¡Otro, otro!» que ambas aficiones, ya prácticamente hermanadas, comenzaron a entonar en la segunda mitad del encuentro. Historia de nuestro fútbol que, con VAR de por medio, parece difícil de repetirse.

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