La liga de Terezín, fútbol desde el holocausto

Una historia tan curiosa como conmovedora.

La década de 1940 fue una de las más oscuras de toda la historia de la humanidad, los campos de concentración son prueba de ello. Los nazis tenían en condiciones inhumanas a judíos y otros “enemigos del estado”. Llama entonces la atención, la existencia de la Liga de Terezín, una competición en la que los reclusos tenían derecho a jugar al fútbol, pero que pese a lo bonito que suena no fue más que otra estratagema nazi para manipular la realidad y ocultar todo el terror y muerte de estos campos.

El campo de Terezín, situado en Theresienstadt, Checoslovaquia, fue un gueto establecido por las SS en la Segunda Guerra Mundial. Empezó a funcionar entrado 1941 y se mantuvo durante cuatro años. Su objetivo era ser un campo de tránsito para judíos de todo Europa Central, también se utilizó para enseñar al mundo una realidad distorsionada de lo que eran estos campos. Por él pasaron cerca de 144.000 personas, de las cuales sólo 17.000 lograron sobrevivir, algunas gracias al fútbol.

FÚTBOL PARA ESCAPAR DE LA MUERTE

En teoría el gueto era autogestionado por los judíos, por lo que al no regirse por las mismas normas que otros campos, su vida cultural sería un refugio para los horrores del holocausto. Una de esas vías de escape fue el fútbol.

Se creó una liguilla, con sus equipos, normas y árbitros, casi como si se tratara de una liga profesional. El patio del Edificio Dresde se convirtió en la sede de todos aquellos partidos. Los reclusos lo pintaron y levantaron porterías para que se pareciera lo máximo posible a un campo de fútbol.

La pertenencia a un equipo venía determinada por el oficio del sujeto, de esta manera surgieron equipos de carniceros, cuidadores de niños, cocineros, y hasta en ocasiones se podían dividir por nacionalidades: vieneses, praguenses, etc.

Pese a ser uno de los campos con más libertades, y a la existencia de la competición, la salud de sus presos era pésima, con habitaciones abarrotadas, hambre y trabajos forzosos. Se estima que morían diariamente 10 personas por malnutrición, y, aun así, lo peor y lo que más terror causaba entre los presos era aquel tren con billete solo de ida hacia Auschwitz, donde se aplicaba la solución final.

“El fútbol era para nosotros como una caricia en la antesala del infierno”

En Terezín pese a que el fútbol fue utilizado para mejorar la imagen del régimen nazi, también los reclusos se vieron beneficiados. A todos aquellos que participaban en la liguilla se les daba más comida y mejor ropa, todo lo suficiente para que pudieran aguantar un partido entero, y lo más importante, evitaban ser deportados a Auschwitz, por lo que jugar al fútbol era una de las pocas formas de mantenerse con vida.

Para el resto de los prisioneros era un divertimento poder volver a disfrutar del fútbol, que, aunque no fuera el mismo que antes de la guerra, seguía conservando su esencia.

Sea cual sea la competición, siempre habrá un periodista que de fe de la celebración. En este caso fueron los más pequeños quienes se encargaron de dejar por escrito todo lo que pasaba en aquellos partidos. Gracias a ellos y sus crónicas publicadas en el «Kamarad« -revista local editada por prisioneros- sabemos que en aquel campo había nivel, y que contaban con grandes figuras.

Una de aquellas figuras fue Paul Mahrer, quién pese a estar retirado se convirtió en una de las grandes sensaciones de aquellos campeonatos. Lo normal era que cada recluso perteneciera al equipo de su propio oficio, pero los carniceros al reconocer a Paul, y saber que su exitosa carrera le había llevado a jugar en Chequia, Alemania y hasta en América, no se lo pensaron y le incluyeron en sus filas.

A partir de este fichaje, se empezaron a suceder los movimientos y los cambios de equipo, y como si se tratara de una liga profesional se creó un mercado de fichajes. Paul cuenta en su biografía que “el fútbol era para nosotros como una caricia en la antesala del infierno”.

“Los nazis nos permitían jugar porque estaban interesados en que se viera en el gueto una atmósfera que recreara actividades de ocio”

Todo lo bueno que sucedía en aquel campo, todas las libertades que se les otorgaban a los prisioneros eran una farsa. Hasta los nazis llegaron a rodar un documental en el campo, que llamaron “La ciudad regalada a los judíos”.

Cuenta Peter Erben, superviviente de Terezín, que “Los nazis nos permitían jugar porque estaban interesados en que se viera en el gueto una atmósfera que recreara actividades de ocio”. Mientras los futbolistas y artistas disfrutaban de ciertos privilegios, el hambre era voraz con el resto de los reclusos. Todo era una estratagema para mejorar la imagen de Reich.

Era usual que la Cruz Roja hiciera visitas a estos campos de concentración para ver cual era el trato a los prisioneros, a sabiendas de esto los nazis lo utilizaron como un arma propagandística que demostrara al mundo su benevolencia. En una de aquellas visitas, la Cruz Roja decidió ir al campo de Terezín, el régimen organizó una visita guiada por el campo de concentración y deleitó a sus representantes con un concierto musical y hasta con un partido de fútbol. Lo que no vieron fue a los muertos.

VALIDADA EN 2013 POR LA FEDERACIÓN CHECA

A raíz de conocerse la verdad sobre todo lo ocurrido en el campo de concentración, fueron muchos los reconocimientos. Uno de los más recientes fue en 2013, cuando la federación checa validó las ligas de Terezín y las incluyó a sus anales como reconocimiento a todos aquellos presos.

El cantautor español Silvio Rodríguez dedicó a Terezín esta canción:

“En invierno y verano es igual
tras alambres no hay estación.
Terezin de los niños jugar
con la muerte común
mientras pintaban el cielo azul,
mientras soñaban con corretear,
mientras creían aun en el mar,
y los llevaban a caminar para no regresar.«

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