La eterna juventud de Kazuyoshi Miura

Hablamos del jugador más longevo que aún está en activo, el último Samurái.

La historia de este delantero nipón es un tanto curiosa y tan extensa como interesante. Nuestro amigo Miura, como lo llamaremos para abreviar, nació el 26 de febrero de 1967 en la ciudad de Shizuka, en el seno de una humilde familia y desde bien pronto se fijó un ambicioso objetivo; el de ser una estrella del balompié en el país del sol naciente.

Tal fue su apuesta por el balón que decidió dejarlo todo atrás -familia y estudios incluidos- para dar comienzo a un viaje que hoy en día aún no ha terminado, ni tiene pinta de que vaya a hacerlo a corto o medio plazo.

DUROS INICIOS

Miura sabía que Brasil era una de las cunas mundiales del fútbol así que se arriesgó y decidió apostar por el fútbol sudamericano, consciente de sus posibilidades. Una vez llegado al nuevo continente firmó por el Atlético Juventus de la ciudad de Sao Paulo, club en el que permaneció cuatro temporadas antes de recalar en Santos, uno de los históricos del país.

Poco antes de esta llamada hubo quién situó al jugador de vuelta a Japón, pero como él mismo reconoció el nivel en su país era muy bajo, de ser superior habría vuelto sin problemas. La etapa en Santos no fue tan brillante como se podía esperar, Miura salió cedido hasta en dos ocasiones antes de tener cierta continuidad, algo que lograría dos años después para disputar 11 encuentros y anotar dos tantos, registros pobres para un jugador que tenía en mente ser una estrella del balón.

Tras anotar un tanto con el Santos.

Es en 1990 cuando muy a su pesar decide volver al fútbol japonés, algo que años después seguro que acabaría agradeciendo. En ese comienzo de década el deporte rey comenzaba a profesionalizarse en Japón y, ya en 1992, año de las Olimpiadas en Barcelona, contaba con una liga de fútbol profesional a nivel nacional, que tenía como uno de sus fundadores al Verdy Kawasaki, equipo en el que entonces militaba nuestro protagonista y que pasó a la historia del fútbol nipón por ser el campeón de la J-League en sus dos primeros años, contando también con el reconocido como mejor jugador asiático del año, nuestro querido Miura.

Todos estos éxitos coincidieron con la reconversión del jugador como delantero, abandonando el puesto de extremo que había aprendido en Brasil, algo que le permitió mejorar notablemente sus registros goleadores y aupar al club a los cielos del fútbol nacional.

FORJANDO LA LEYENDA

Su etapa en el Verdy Kawasaki acabó de consumirse en 1994, cuando recibió una oferta del Genoa para así convertirse en el primer futbolista nipón en debutar en el Calcio. Su paso por Italia tuvo más sombras que luces, no hay más que ver su debut ante el Milán donde tras un choque con Franco Baresi sufrió varias fracturas en los huesos propios de la nariz además de una conmoción cerebral.

Aún así, antes de volver a su país, acabó la temporada en la Serie A con 21 partidos disputados y anotando un gol ante la Sampdoria. Con la grotesca aventura europea bajo el brazo volvió a la J-League, de nuevo para liderar a Verdy, convirtiéndose con 23 tantos en el máximo goleador de la competición aquella temporada.

De su etapa en el Calcio, ya recuperado del choque con Baresi.

Fue en esos años, desde su irrupción en la Copa Dinastía de 1993, cuando se volvió prácticamente una figura de culto del fútbol nipón y se consagró como una de las piezas claves de aquella selección nacional que de manera histórica se clasificó para la Copa del Mundo de 1998. Tal iba siendo su relevancia con el combinado nacional que en el mercado invernal de la 1998/99 se le presentó, de nuevo, la oportunidad de disfrutar del fútbol europeo, aunque esta vez en Croacia.

Su etapa en Zagreb le permitió hacerse con el título liguero y le convirtió en el primer jugador nipón en disputar la UEFA Champions League. Tras esta breve etapa de apenas medio año volvió a casa, tocaba disfrutar de su querida tierra. Su afán aventurero, junto a su hambre de fútbol, le brindó una última oportunidad en el fútbol europeo.

Corría el año 2002 y, tras haber firmado en Kyoto Purple y Vissel Kobe, Miura llegaba a España, a un Racing de Ferrol que por aquel entonces disfrutaba de la categoría de plata de nuestro fútbol. El motivo de esta visita no era otro que el de formarse y aprender del fútbol español, un fútbol que, quien sabe si por aquella Copa del Mundo que organizaron junto a Corea, le llamaba la atención a nuestro goleador.

En 2005 escribiría dos nuevos capítulos en su particular diario. Miura firmaba en el Yokohama de segunda división con el objetivo de ascender al club al más alto nivel pero con una condición, llegado el mes de enero disputaría el Mundial de Clubes -organizado en el propio país nipón- con el Sydney FC. Su etapa en Yokohama se desarrolla de maravilla y consigue el ansiado ascenso antes de disfrutar del fútbol sala.

El fútbol sala, su otra pasión.

La Federación Japonesa decidió usar la imagen de uno de sus referentes para potenciar el deporte en el país hasta el punto de convocarlo para la Copa del Mundo disputada en 2012, donde a pesar de disputar 4 encuentros no fue capaz de perforar la meta rival.

Después de todo esto el bueno de Miura debió pensar que ya era hora de asentar la cabeza y volvió, a sus más de 40 años, al Yokohama. Recientemente, en el mes de enero de 2020, el club decidió renovar al jugador por un año más, algo que aún le mantiene como el jugador más longevo en activo como profesional.

Todo esto le ha permitido batir más de un récord, como el del goleador de mayor edad que logró en 2017. Y sí, promete seguir dando guerra, llegando a asegurar en una entrevista concedida en 1998 que disfrutará del fútbol hasta los 75 años. Declaración bastante atrevida.

GOLES Y CARÁCTER

Anteriormente ya comentamos que la figura de Miura fue creciendo por momentos, sobre todo desde su irrupción en 1993. El papel del delantero nipón fue clave en la histórica clasificación del combinado nacional a la Copa del Mundo de 1998, competición de la que no pudo disfrutar por desavenencias con el entonces seleccionador Takeshi Okada.

Esta no fue la única mala experiencia que su fuerte carácter le brindó, y es que su etapa en Italia fue en parte grotesca por las constantes discusiones que el jugador mantenía con el técnico del Genoa por no aceptar su nuevo rol como interior organizador y no como extremo desequilibrante, tal y como venía haciendo en Brasil.

Cuenta la leyenda que él es Oliver Atom.

Pero este fuerte carácter no le impidió entrar en los libros de historia del fútbol de su país, convirtiéndose en el segundo máximo goleador de la selección con 55 tantos en 89 encuentros, pasando casi 8 años entre el primero ante Corea y el último, ya de manera amistosa, ante Jamaica en Casablanca allá en el año 2000. Con la selección consiguió ganar la Copa Dinastía en 1992 y la Copa Asia en 1993, siendo elegido también como mejor jugador del torneo. Una historia tan extensa como curiosa la suya.

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