Josef Bican, leyenda del balompié

Bien es sabido por todos, aficionados y profesionales, que el fútbol no tiene memoria. Puede parecer una frase hecha, pero no lo es. Buena prueba de ello es la figura de Josef Bican, desconocida para el gran público.

Josef Bican, o Pepi Bican para los amigos, fue uno de los jugadores más determinantes del deporte rey en el pasado siglo. Su letalidad en el área rival le permitió escribir -con letras de bronce, que no de oro- su nombre en la historia del balompié. Nacido en Viena, allá por 1913 en el aún entonces Imperio austrohúngaro, pasó su infancia en un humilde barrio obrero, lugar al que su familia se había desplazado en busca de trabajo al igual que otros tantos inmigrantes. Allí, el fútbol era más que una distracción.

LOS INICIOS

Dicen que de tal palo, tal astilla, y es que el bueno de Josef heredó de su padre la afición por el balompié. Un padre, el suyo, que fue capaz de salir ileso de la II Guerra Mundial para años después fallecer por una lesión en un riñón, ocasionada esta por un golpe durante la disputa de un encuentro.

Aquello, como es lógico, dejó marcado de por vida a un Josef Bican que desde bien temprano destacaba entre los de su quinta por un excepcional toque de balón a pesar de jugar descalzo, tal y como recoge la FIFA en su portal oficial.

Un auténtico peligro para la meta rival.

ASOMANDO LA CABEZA

Siendo un adolescente ingresó en las categorías inferiores del Rapid de Viena donde enseguida comenzó a disipar cualquier duda que su físico e inexperiencia en el mundo del balompié pudiera generar. De hecho, muchos eran los que aseguraban que el rendimiento del joven ariete sería muy bajo debido en parte a su juventud, argumento que perdió toda su fuerza cuando Josef, en su primer entrenamiento con el elenco juvenil, anotó cinco o seis goles, cifra que varía según la fuente consultada.

Aquella actuación, junto a otras tantas, llamó la atención del equipo amateur del Rapid de Viena para acabar dando el salto a la primera plantilla, donde firmó un debut inmejorable. En su primera vez en el máximo escalafón de fútbol austriaco le endosó un hat-trick al Austria de Viena, unos goles que bien valieron para lograr la victoria y marcar un cambio generacional.

FRENAZO EN SECO

Su carrera estaba siendo notable, tanto que ya era un fijo en las convocatorias de un combinado nacional austriaco que por aquel entonces dominaba futbolísticamente hablando el viejo continente. De hecho, había incluso disputado la Copa del Mundo de 1934 y firmaba unos registros difíciles de encontrar en la época; 14 goles en 19 encuentros. Pero, de repente, apareció la II Guerra Mundial. Aquel conflicto sesgó la vida de decenas de millones de personas y también la meteórica progresión de un Bican que acabaría relegado al ostracismo, viéndose superado por figuras que hoy en día son de culto como el mismísimo Puskas.

Pero no, ni siquiera aquello pudo pararle. Años después decidió emprender una nueva vida en la vecina República Checa, afincándose en la bellísima ciudad de Praga para acabar solicitando una nacionalidad que le permitiese defender la elástica del país que lo había adoptado. Con el elenco checoslovaco consiguió anotar 12 tantos en apenas 14 encuentros, participando también, aunque de manera breve, con los combinados de Bohemia y Moravia.

Una trayectoria internacional, la suya, impensable en los tiempos que hoy en día corren pero que en la época le permitió defender el escudo de cuatro selecciones diferentes, logrando más de una treintena de tantos en menos de cuarenta duelos. Unos números salvajes.

“Cuando hablo con los jóvenes periodistas, siempre dicen: ‘Señor Bican, ¡era más fácil marcar en su época!’. Entonces yo les pregunto: ‘¿Cómo? Díganme, ¿hay ocasiones actualmente?’ Ellos me responden: ‘Por supuesto, hay muchas’. Y yo les digo: ‘Eso es. Si no hubiese ocasiones hoy, sería difícil. Pero si las hay, quiere decir que marcar un gol es la misma cosa que hace cien años, y será igual dentro de cien años. Siempre será lo mismo’”.- Josef Bican, en la TV Checa en 1990.

LEYENDA DEL BALOMPIÉ

Todo lo anteriormente contado podría quedar en una curiosa historia más, de no ser porque el bueno de Pepi mantuvo hasta hace no mucho tiempo un récord que parecía imposible de superar; ¡Era el máximo goleador de la historia del fútbol!

Su velocidad -hay quien asegura que hacía los cien metros en algo menos de once segundos- unida a su olfato goleador hacían de él «el delantero total«, ese jugador al que nadie quería enfrentarse. Franz Binder, considerado como uno de los mejores jugadores europeos de la época anterior a la II GM y excompañero de Josef, asegura que el bueno de Bican llegó a anotar hasta 5.000 goles. Pero eh, contando los logrados en categorías inferiores y entrenamientos.

Junto a algunos de sus múltiples reconocimientos.

Ciñéndonos a los anotados como profesional aún estaríamos en la increíble cifra de 1830, una cifra que baja hasta los 805 cuando filtramos por encuentros únicamente oficiales. Tremendos registros, más aún si tenemos en cuenta que fueron logrados en poco menos de 600 duelos. Eso sí, las cifras varían en función de la fuente consultada; la archiconocida revista argentina «El Gráfico» le apunta unos cuantos menos. Lo que nunca podrán quitarle, pese a quien le pese, son sus galardones como uno de los cincuenta mejores jugadores a nivel mundial del siglo pasado.

UN MERECIDO RETIRO

Su vida nunca se alejó de los terrenos de juego, ni mucho menos. Josef continuó ligado al balón, entrenando a múltiples equipos con los que llegó a ejercer de jugador y entrenador al mismo tiempo, como los Liberec o Kadlo, entre otros.

Décadas después, ya iniciado el siglo que vería como Cristiano Ronaldo batía su marca, falleció a los 88 años víctima de un infarto en su amada Praga, esa ciudad que le brindó la morada que la guerra en su día le había robado.

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