Historia de una Recopa

Revive la histórica gesta del conjunto maño.

En el año 1994 el Real Zaragoza se impuso al Celta de Vigo en la final de la Copa del Rey, ganándose así el derecho a participar en la antigua competición para campeones coperos, la «Recopa de Europa».

En su debut, ante el modesto Gloria Bistrita, un gol de Esnáider encarrilaba la eliminatoria para los maños pero el conjunto rumano supo reaccionar y en tan sólo un minuto logró remontar el partido. Con La Romareda clausurada durante dos encuentros debido a una sanción anterior, el Real Zaragoza tuvo que afrontar la vuelta en el Luis Casanova de Valencia.

El conjunto de Víctor Fernández salió desde el inicio mostrando su autoridad y a los diez minutos Pardeza inauguraba el marcador. Instantes después, un centro de Santi Aragón lo cabeceaba Aguado hacia el fondo de las mallas. En la segunda mitad Poyet, con un poderoso cabezazo, hacia el tercero. El propio uruguayo cerraría la goleada al driblar al portero y alojar el balón en la red.

En los octavos de final el equipo blanquillo arrasaría a domicilio al Tatran Prešov eslovaco. Los de Víctor Fernández comenzaron a sentenciar la eliminatoria cuando Gustavo Poyet marcaba a placer. El conjunto centro europeo se veía totalmente superado y Varga hacía el 0-2 en propia puerta. Tras la reanudación, el Real Zaragoza no bajó la intensidad. Esnáider picaba con clase ante la salida del portero, culminando así una gran jugada colectiva que suponía el cuarto en el casillero maño.

Con la eliminatoria totalmente sentenciada, los pupilos de Víctor vivieron su último partido de destierro en Valencia, donde Esnaider, demostrando su voracidad, les adelantaba para que el conjunto eslovaco lograse sorprendentemente nivelar el marcador. Finalmente, Óscar anotó el gol que suponía una nueva victoria.

En cuartos de final, se verian las caras con el Feyenoord en el temido infierno de Rotterdam. Los maños encerraron a los locales en su área y Poyet, con un fuerte chut, estuvo a punto de inaugurar el marcador, pero acabaría siendo Henrik Larsson quién decantaría la balanza a favor de los neerlandeses. A pesar del gol en contra, el Real Zaragoza siguió con su dominio pero entre la madera y un De Goey espectacular, la eliminatoria se había puesto cuesta arriba.

Una vez cumplida la sanción, La Romareda recibió a los suyos en busca de la remontada. Los blanquillos salieron con el cuchillo entre los dientes, acosando la meta rival y generando constantes ocasiones pero nuevamente el meta De Goey se mostraba infranqueable y al conjunto de Víctor Fernández se le esfumaba poco a poco el pase a semifinales. Sin embargo, Pardeza apareció para controlar el balón en el área y con un duro disparo puso las tablas en la eliminatoria. Sería Esnáider, quién con una excelente volea y aprovechando que los maños estaban lanzados, llevó el delirio a la afición local.

En su último obstáculo antes de la final, el Real Zaragoza recibió al Chelsea en la capital aragonesa. Los blanquillos salieron a por todas y a los siete minutos un cabezazo de Aguado fue rematado por Pardeza en boca de gol. El conjunto zaragocista mantuvo intacta su ambición y Esnáider controló el balón con el pecho para posteriormente soltar un zurdazo pegado al palo. En la segunda mitad un Esnáider pletórico no perdonó y certificaba prácticamente un nuevo pase de ronda.

En Stamford Bridge el conjunto londinense soñaba con la complicada hazaña de la remontada. Los blues impusieron un ritmo trepidante y  en una desafortunada acción de Juanmi, Furlong desataba la euforia inglesa. Pero en el momento de mayor desconcierto zaragocista, Santi Aragón apareció para liquidar la eliminatoria. Pese al mazazo el Chelsea siguió apretando, Sinclair anotó de media vuelta y en la recta final Stein alojaba el balón en el fondo de las mallas. Los maños resistieron y lograron clasificarse para la gran final de París.

El 10 de mayo de 1995 Real Zaragoza y Arsenal disputan en el Parque de los Príncipes de París la final de la Recopa de Europa. Los gunners quisieron demostrar su condición de vigente campeón del torneo presionando e intentando intimidar a los jugadores zaragocistas. Sin embargo, estos nunca se amilanaron y con el paso de los minutos fueron imponiendo su calidad aunque contendrían la respiración cuando Belsué sacaba bajo palos un cabezazo de Merson. Poco después fue un zapatazo de Esnáider el que dejaba petrificado a Seaman, adelantando al conjunto aragonés.

Los ingleses sacaron entonces su casta de campeón y Hartson puso el empate en el marcador. El Real Zaragoza volvió a la carga, pero la final se marchaba a una prórroga llena de incertidumbres en la que Aguado rozó el gol con un cabezazo que, entre Seaman y el poste, acabó repelido. Cuando los penaltis se vislumbraban en el horizonte, Nayim sorprendía con un disparo desde  40 metros que daba el pasaporte a la gloria.

El Real Zaragoza tocó el cielo con las manos en aquella histórica final.

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