George Weah, referente

El balón como apaga fuegos.

El fútbol y la política son dos mundos que vale más no mezclar, debiendo dejar el deporte a un lado para mantener la pureza que lo hace grande. Aún así, hay ocasiones, como esta, en las que resulta imposible.

George Weah, el único Balón de Oro africano de toda la historia, es el actual presidente de Liberia, un país que desde la costa oeste del continente y sumido en la pobreza intenta mantenerse más vivo que nunca, mientras se recupera de las secuelas que aún perviven fruto de una cruel guerra civil.

SUS INICIOS

Nuestro protagonista nació en octubre de 1966, en uno de los muchos suburbios que rodean a Monrovia, la capital liberiana. Allí, fue criado por su abuela junto a sus otros doce hermanos, tal y como establece la tradición étnica. El fútbol, para él, fue una forma de desahogo. Esa vía de escape para abstraerse de los problemas que la miseria sacaba a relucir.

Sus padres, por raro que nos pueda parecer, no acababan de aceptar aquella afición. George se inició entonces en el mundo académico, donde completó la etapa escolar sin problema alguno y tras la cual comenzó a trabajar, asegurándose de guardar unos minutos al día para disfrutar de su gran pasión.

Bien pronto el Invincible Eleven se hizo con sus servicios y le permitió competir a nivel profesional en la liga liberiana, donde el nivel brillaba por su ausencia. Allí, en aquellos campos secos y donde la tierra era la protagonista, comenzó a forjar la leyenda que años después deslumbraría a Europa.

Antes de llegar al fútbol francés, recaló en las filas del Tonnerre Yaoundé, conjunto camerunés que años antes había sido la casa de Roger Milla, otro icono del fútbol africano.

SALTO A EUROPA

El AS Mónaco lo incorporó a sus filas tras la recomendación de Àrsene Wenger, quien lo calificó como una grata sorpresa. En tierras monegascas levantó numerosos títulos, aunque no tantos como goles convirtió. Su protagonismo era cada vez mayor, así que el Paris Saint-Germain acometió su fichaje.

Con el conjunto capitalino comenzó a darse a conocer en el panorama continental, eliminando al FC Barcelona en cuartos de Champions League para acabar sucumbiendo poco después ante un magnífico AC Milán.

Aquellos éxitos deportivos no desviaron a Weah ni un momento de su principal objetivo, el velar por la salud e integridad física de los suyos. De esta forma, y tras donar parte de su sueldo, buscó refugio para sus amigos y familiares más cercanos, quienes constantemente eran atacados por el poder político de la época.

Al tiempo que luchaba desde la distancia por la paz social en su nación, fue galardono con el Balón de Oro, algo que le convirtió por aquel entonces en el primer jugador africano en lograrlo, hito que hoy en día aún conserva.

Ese reconocimiento, que fue el más destacado de su carrera, lo logró ya en las filas del AC Milán, un elenco que apenas un año antes lo había apeado del sueño europeo. Al conjunto italiano llegó con toda la presión que puede suponer el ser el relevo del ya retirado Marco Van Basten, algo que no pareció afectarle ya que se convirtió en el máximo goleador de un conjunto que se alzó con el título liguero.

Años después, ya entrado en la treintena, decidió poner fin a su etapa en el conjunto milanés, motivado todo por la llegada de un ariete ucraniano que respondía al nombre de Shevchenko, por lo que emigró al fútbol inglés. Aquella aventura en las islas británicas no acabó de convencerle, así que previo paso por Francia acabaría en el balompié saudí.

FIN DE UNA ETAPA, COMIENZO DE OTRA

Su última etapa como futbolista se vio ocupada en parte por la política. Weah, consciente de la situación de su país natal, centró todos sus esfuerzos en lograr la clasificación de Liberia a la Copa del Mundo, quedándose en 2002 a las puertas. En aquel último intento su papel fue clave, y es que participó como jugador, patrocinador, capitán y asistente de seleccionador.

En 2003, coincidiendo con su retirada del balompié, se inició en política. El camino hacia la presidencia, diversas circunstancias de por medio, fue tortuoso. Queda para la memoria del país africano uno de los hitos que logró George al convertirse en el primer líder político que sucedió a un partido rival de manera pacífica, con argumentos constitucionales a su favor. Todo un logro a pesar de suceder en pleno S. XXI.

Además, en su primer discurso anunció que rebajaría su sueldo y lucharía contra el otro racismo, al que la población liberiana somete a los blancos. Una hazaña que de no ser por el fútbol difícilmente hubiera firmado.

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