Entrevista a José Antonio Sánchez, autor de «Jugamos como nunca, perdimos como siempre».

Hace unos días nos recibió telemáticamente José Antonio Sánchez, un veleño afincado en Arroyo de la Miel con quien hubo tiempo para charlar de todo y donde su recientemente estrenada obra fue la gran protagonista.

Tras una vida entera ligada al balón -aunque no siempre de fútbol- te llega el momento de cumplir una nueva meta; “Desde bien pequeño he sido un apasionado del fútbol. La influencia de mi padre junto a la tradición balompédica de mi tierra, de la que han surgido grandes internacionales por España, me ha permitido disfrutar de este maravilloso deporte derivando todo ello en la publicación del libro.”

Una obra, la suya, que se gestó durante el confinamiento; “Si de algo carecemos en esta sociedad actual es de tiempo. A comienzos de marzo la delicada situación que sufrimos -y que hoy en día sigue presente- me planteó dos posibles escenarios, debía elegir entre hundirme o intentar sacar algo positivo de ella. Lógicamente, me decanté por el segundo”.

Fernando Hierro, el veleño más universal.

La elaboración del libro fue, tal y como nos describe nuestro protagonista, una auténtica aventura; “En un principio sopesé la idea de ir publicando los capítulos por mi blog personal pero bien pronto fui consciente de la ingente cantidad de material que allí tenía. Aquello daba para un libro, incluso dos. Y de ahí partí, sin expectativa alguna más que la de sentirme realizado.”

El proceso es largo y tedioso, algo que no tarda en admitirnos; “Sí, hay momentos en que cuestionas tu trabajo. Instantes en que te ves fuera de lugar y dudas del proyecto que has puesto en marcha. Por suerte los míos siempre han estado cerca, así como mi gran amigo Óscar Antón al que debo agradecerle toda la ayuda prestada. Sin ellos estoy seguro de que nada de esto hubiera sido posible. Tampoco puedo, ni debo olvidarme de Círculo Rojo, unos auténticos profesionales y referentes en el mundo de la auto publicación”

Horas y horas frente a la pantalla, rebuscando crónicas de la época y descubriendo anécdotas para llegar a puerto; “Así es. Escribir un libro, a diferencia de lo que mucha gente cree, es mucho más que juntar unas cuantas letras. Además, me considero una persona tremendamente minuciosa por lo que la labor de investigación fue enorme y lógicamente me veía en la obligación de revivir todos aquellos momentos para poder plasmarlos fielmente. Lo fácil hubiera sido copiar y pegar sin sentido, pero ese no es mi estilo”

La portada de este maravilloso relato.

Una de las cosas que más engancha al lector es el contexto histórico, o eso parece: “Efectivamente. Uno elige la época con la que se siente identificado y esos primeros años de la década de los 90 coinciden con mi adolescencia, esa de la que aún perduran recuerdos. El relato comienza en 1990, para así poner en contexto y comprender todas aquellas situaciones que se dieron en el camino hasta el mundial de Estados Unidos. Ese periodo, que sin duda fue el más caótico de la historia de la selección, esconde numerosas anécdotas e historias que siempre vale la pena recordar, como la no participación en la Euro de 1992. Además, el libro nos permite a mis coetáneos y a mí quitarnos casi tres décadas de encima.”

En la obra no sólo te centras en la pura crónica histórica, también intentas ir un poco más allá; “Claro. A lo largo de todos estos meses he enfrentado a mi yo más adolescente, aquel que inocentemente soñaba con que su selección se alzase con el cetro mundial, con el actual. El paso del tiempo te permite ver las cosas en perspectiva, con esa frialdad y madurez de la que carecías entonces. La visión de lo vivido vuelve a ser la misma, pero con pequeños matices que la hacen muy diferente.”

Y el título le viene como anillo al dedo; “Gracias. Mucha gente me lo ha dicho, así que no será casualidad. Desde un primer momento, estrategias de marketing aparte, tuve claro que esa frase que el gran Alfredo Di Stéfano presentó en sociedad debía darle nombre a mi obra. Creo que es muy expresiva y enseguida la relacionamos con el mundo del balompié. Además, sirve también para que los más jóvenes descubran la cruel realidad que acompañaba al combinado nacional hasta antes del trienio mágico, esa en la que siempre salía cruz en los momentos decisivos.”

Esa inolvidable portada del diario Marca.

Imaginamos que un noventero como tú echará en falta aquellos tiempos; “Por supuesto, no puedo negar que añoro los Roberto Baggio, Zidane, Bergkamp y compañía. Por suerte el fútbol se mantiene por muchos años que pasen, aunque ya sólo el balón y las porterías sean el elemento en común. En aquella década tal vez se trataba de un deporte mucho más defensivo, donde no se le daba tanta importancia al juego asociativo. Pero igualmente era especial. Le tengo mucho cariño a esa etapa del balompié.”

El relato te ha permitido interactuar con algunos de sus protagonistas, algo al alcance de unos pocos; “Sí, así es. He recibido el apoyo por redes sociales de jugadores como Jorge Otero, Julen Guerrero o Santi Cañizares. Además, he podido hacerle llegar una copia del libro a Fernando Hierro, paisano mío. Todo ello te genera una sensación ciertamente extraña, una mezcla de responsabilidad y orgullo. Hay momentos en que te paras a pensar en si les gustará o no, porque claro, profundizo en todo. Tanto para lo bueno como para lo malo. Sin ir más lejos Clemente da vida a un capítulo entero.”

Cuando hablamos de los mundiales siempre aparece la figura de Diego Armando Maradona, una figura que vive en Estados Unidos 94 un triste episodio: “Claro. La actuación de El Pelusa en México 86 es considerada por muchos -entre los que me incluyo- como la mejor actuación individual en una cita de tal magnitud. Después, en 1990 lleva a Argentina hasta la final y en 1994 ocurre lo que ocurre. No obstante, soy de los que piensa que los futbolistas deben ser juzgados por lo que hacen dentro de la cancha. A partir de ahí podremos iniciar un inútil debate sobre quien ha sido el mejor de la historia, pero no cabe la menor duda de que Diego coparía una esas primeras plazas.”

Un momento tan triste como icónico de nuestro deporte.

Ya para finalizar nos vemos obligados a buscar la exclusiva, y eres consciente de que los lectores quieren más; “Sí, lo sé. No descarto nada, es probable que esta no sea mi última obra. Tal vez me anime con alguna más, incluso de otras disciplinas como el baloncesto, un deporte que he vivido de manera profesional. Pero lo dicho, ahora es el momento de recoger los frutos de este primer relato.”

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