Elijo creer: La vida después de la vida

Comenzó el año 1 d.D. Pasaron dos meses de su muerte y todavía no lo vimos resucitar, o al menos eso parece. ¿Y si en realidad nunca murió? ¿Qué tal si sigue su vida en cualquier punto del mapa pero como un mortal más? No lo sé, es algo impensado para cualquiera de nosotros pero no para alguien de tamaño reconocimiento, quien no puede caminar por una calle o ingresar a cualquier tienda. Alguien que nunca estuvo tranquilo y que su vida privada siempre fue pública. Alguien de quien conocemos familia, gustos y aficiones. Alguien que es admirado en Argentina o en el rincón más recóndito de Pakistán, Nigeria o Tanzania. En fin, elijo creer.

Seguramente tengas la misma sensación que yo tengo: ¿No te parece verlo aún con la camiseta del Napoli o de Argentina gambeteando a algún inglés o haciendo piruetas con un globo terráqueo inmenso? Cuando ves algún gol o una jugada en un video, pareciera que siempre tiene 25 años y está parado ahí en la fila con sus compañeros, dando pequeños saltos, con su cara de concentración, mascando un chicle, escuchando el himno nacional argentino para dar una arenga cuando finalice el mismo. Quizás también esté en tu retina a través del tiro libre imposible, ese que sucedió en el San Paolo contra la Juventus -con todo lo que eso implica-, a escasos metros de la línea final del campo y en el cual también se recuerda a Tacconi enredado (es la palabra exacta). De tantas cosas que, por suerte, se observan en la televisión, redes sociales o internet en general, pareciera que está ahí con sus “veintialgos”. ¿Y si en verdad está ahí? Elijo creer.

Este mural en La Paternal, Buenos Aires, se pregunta lo mismo que todos nosotros.

Todo el tiempo es catalogado como un Dios, al menos futbolístico. ¿Y si lo fuera? Si para los que creen, alguna vez estuvo en la Tierra alguien perfecto, capaz de perdonar y amar a cualquier ser humano, quién podría atreverse a negar que quizás estuvo (o está) entre nosotros el Dios más imperfecto, el más humano de todos en los que se pueda creer. Si hasta tiene su propia Iglesia; tengan en cuenta que así empezaron muchas de las religiones que se dispersaron en nuestro planeta. Y si todo el mundo tiene derecho a creer y tener fe en lo que considere, qué nos prohíbe a nosotros pensar que no fue así, que desde arriba no moldearon a un ser que se parecía a un humano, que se equivocaba como un humano, que hablaba, insultaba y vivía como un humano pero que jugaba al fútbol como los dioses, el más humano de los dioses. Elijo creer.

“Dios humano”, dicen en Nápoles.

Tampoco podemos ser tan incrédulos si esto ya ha pasado. Se recuerda por primera vez en 1997, al menos la primera de público conocimiento, cuando fue internado en Santiago de Chile por hipertensión. El episodio en Punta del Este, Uruguay, en el año 2000, cuando fue internado en terapia intensiva con arritmia y una crisis hipertensiva, de las más difíciles. Lo mismo sucedió cuatro años después en Buenos Aires, internado en dos oportunidades en el lapso de días, producto de una crisis cardíaca. Luego en el año 2007, que fue internado por causa de su sobrepeso. Año 2012 donde fue operado por cólicos renales. En el Mundial de Rusia en el año 2018, luego de que Argentina venciera agónicamente a Nigeria por la zona de grupos y se clasificara a la siguiente instancia, fue tanta la euforia que tuvo que ser internado. Y aquí debemos hacer un punto. 

Si bien luego fue hospitalizado una vez más en el año 2019 y por último las que conocemos en el primer año pandémico, la internación de 2018 también es recordada como yo pretendo sea esta última: con una falsa muerte. Tal vez tengan en la memoria algún audio que se hizo viral donde hablaban de su fallecimiento. La lejanía de su familia, la distancia entre Argentina y Rusia pero, sobre todo, el hermetismo que se manejaba en su entorno de ese momento, daban la triste impresión de que podía ser cierto. ¿Y si es verdad? ¿Y si están tapándolo un poco por el Mundial? Todos sacábamos conclusiones de las más locas, salidas de cualquier libro de Stephen King. La realidad es que no fue así, al tiempo se lo vio resucitar de entre los muertos como tantas veces ya lo había hecho, y por qué no podría ser ésta una más. Elijo creer.

Considerado un Dios, en La Boca, Buenos Aires, y en muchas partes del planeta.

Por esto, y muchas otras cosas, déjenme soñar con la posibilidad. Los fanáticos de Los Simpsons (como quien escribe, pero solo de las viejas temporadas) recordarán el episodio en el que, Krusty endeudado y deprimido, finge su muerte, para ser descubierto luego de inventar a una persona. ¿Quién osa a desafiar mi mente e imaginación? Cada uno cree en lo que quiere y, mientras no dañe a otro, está en todo su derecho. Por qué no podría estar por allí caminando entre la gente por el Barrio Gótico en Barcelona, subiendo con total libertad a la Torre Eiffel en Paris, visitando Times Square en Nueva York, en una playa en República Dominicana, yendo a ver un encuentro del Napoli ante cualquier rival sin ser detenido por nadie, tal vez paseando por Caminito para luego entrar al Museo de Boca o, simplemente, jugando un partido con totales desconocidos en una plaza de cualquier barrio de la República Argentina. Elijo creer.

Sea como sea, siempre estará presente y nunca va a morir. Estuvo en nosotros cuando, jugando en la calle, un amigo creía que era más de lo que realmente era y lo arrinconábamos con un “paraaa, ¿quién sos, Maradona?”. Está en estas generaciones quienes lo conocen a través de su padre, ven videos de jugadas, goles, magia (muchas gracias internet) y seguramente va a estar en generaciones futuras, quienes tengan toda esa información más “la nueva”, cuando de alguna boca salga que no eran cinco sino treinta y siete (tal vez se juegue de a más futbolistas en años venideros, quién sabe) los ingleses ridiculizados en el césped del Estadio Azteca ese 22 de junio de 1986 a las 13:35 horas aproximadamente.

En una ciudad Siria destruida por la guerra, también está él.

Siempre va a estar vivo, si yo lo veo ahí, diciendo la frase más inmortalizada de la historia del fútbol, hablando sobre esa pelota que nunca se manchó ni podrá, a pesar de los errores que pueda cometer un futbolista o cosas peores, como las que pueden hacer e hicieron quienes dirigen al deporte más hermoso del mundo. También cierro los ojos y está en Villa Fiorito, delgado, con su pelota y su sueño de jugar un mundial. Si lo veo saliendo de la mano de la enfermera del estadio Foxboro en Boston, donde luego, “le cortaron las piernas”. Si está ahí con su franja amarilla pintada en el pelo, entrando a La Bombonera o haciendo jueguitos con una pelotita de golf en Oxford. Lo veo allí tomándose revancha de Andoni Goikoetxea, arrojando patadas a cualquier camisa rojiblanca que pase por su lado.

¿En cuántos lugares más está? La respuesta es simple: en todos y en cada lugar donde haya alguien con una pelota de cuero, de medias o de papel, ahí va a estar “El Diego de la gente”. Elijo creer.

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