Elías Figueroa, el abuelo que jugó un mundial.

La historia de Elías Figueroa es digna de contar, y no sólo por el hecho de ser el único jugador que ha disputado una Copa del Mundo siendo abuelo.

Elías Ricardo Figueroa Brander, conocido mundialmente como Elías Figueroa, fue un importante jugador de fútbol que nació en la ciudad de Valparaíso (Chile) el 25 de octubre 1946, en el seno de una familia modelo de la época que sin muchos lujos salía poco a poco hacia delante. Nuestro protagonista, antes de triunfar, tuvo que lidiar con una enfermedad que derivaría en episodios de asma, algo que según indicaron los médicos le impediría practicar su deporte favorito, el fútbol.

Su familia, más allá de que Elías empezaba a destacar con el balón, decidió cambiar de ciudad por el bien de su salud, aunque volvería a caer gravemente enfermo, quedando postrado en una cama durante todo un año. A los trece años de edad, tras recuperarse, tuvo que aprender a caminar de nuevo con la ayuda de unas muletas, aunque esto no sería obstáculo alguno para que un año más tarde ya defendiese los colores del conjunto de su ciudad, el Deportivo Liceo.

La progresión de Elías era imparable, de ahí que días después de conseguir una prueba con el Wanderers pasase a formar parte del primer equipo, llegando a debutar en competición oficial con tan sólo quince años de edad, una auténtica salvajada. Lejos de acomodarse y ver como su progresión se estancaba, siguió esforzándose cada día hasta que unos meses después fue convocado con el combinado nacional chileno para la Copa del Mundo de Inglaterra 1966, dónde aún como volante tuvo el privilegio de enfrentarse a jugadores de la talla de Pelé o Didí. Aquello fue un punto de inflexión en su carrera, en menos de medio año había pasado de jugar con sus amigos a disfrutar de uno de los sueños de todo futbolista, defender a su selección en un Mundial.

La figura de Figueroa fue cogiendo peso con el paso de los encuentros hasta que con diecisiete años de edad ya era el pilar sobre el que se sustentaba su equipo, pasando entonces a ser conocido por los aficionados al balompié chileno como “Don Elías Figueroa”, aquel jugador con cara de niño que se comportaba con la madurez de un veterano. El crecimiento del futbolista era aterrador y sus cotas cada vez eran más altas, así que antes de entrar en la veintena decidió probar suerte lejos de casa, el histórico Peñarol de Uruguay le esperaba con los brazos abiertos.

Su llegada al fútbol charrúa resultaría imprescindible en el desarrollo de su carrera, tal y como en más de una ocasión ha reconocido. Con los de Montevideo consiguió levantar más de un título, al igual que hizo en la mayoría de clubes en los que estuvo. Uno de sus capítulos más conocidos en Uruguay es su grandiosa actuación en la final de la Supercopa de Campeones Internacionales, cuando quedó elegido como mejor jugador del encuentro en el enfrentamiento ante el temido Santos de Pelé. Aquel día Elías secó al astro brasileño.

Fruto de esta actuación, como de muchas otras, empezaron a llegar nuevas ofertas para el de Valparaíso, Internacional de Porto Alegre y Real Madrid deseaban poder disfrutar de sus servicios. Y, finalmente, tomó la decisión, se iría al fútbol carioca, donde se enfrentaría a jugadores de la talla de Rivelino, Carlos Alberto, Pelé o Zico. Casi nada. Fue en aquellos años donde nuestro protagonista alcanzó el culmen de su carrera, su carácter de líder nato junto a su increíble elegancia en el corte -sólo fue expulsado en una ocasión en toda su carrera- para luego dar una limpia salida de balón al equipo fueron sus principales credenciales desde bien joven.

Además de ser técnicamente superior al resto, sus 187 cm de altura le hacían prácticamente insuperable en el juego aéreo, recordando algunos de sus compañeros que era capaz de saltar con dos rusos y hacerse con el balón a la par que les derribaba. Un central de época. Fruto de ello fue su nombramiento como jugador del año del continente en tres ocasiones, todas ellas consecutivas entre los años 1974 y 1976. Tal era su confianza y presencia que llegó a declarar que el área era su casa y él decidía quien entraba y quién no.

Nelson Rodrigues, un famoso periodista y escritor brasileño, habló así de él, “Es elegante como un conde de smoking, pero peligroso con un tigre de Bengala. Es el zaguero perfecto”.

Poco tiempo necesitó para convertirse en una auténtica institución dentro de su nuevo club, en apenas unos partidos ya portaba el brazalete de capitán, por delante de los más veteranos. También ayudó en su consagración como leyenda “colorada” su gol más famoso, el conocido como “Gol iluminado”. En la salida de un saque de esquina, al cuarto de hora de la segunda mitad, Elías se elevó por encima de sus oponentes para alojar el balón en el fondo de la red con un fantástico testarazo al tiempo que en aquel ennegrecido cielo un rayo de luz se proyectaba sobre la figura del chileno. Quienes lo presenciaron aseguran que fue increíble, como si de una ayuda divina se tratase.

Su carrera en territorio carioca continuó por un breve periodo de tiempo y es que un par de años después, a petición de su esposa, volvería a su país natal. Nuevamente volvió a destacar y cosechó más éxitos, esta vez defendiendo los colores de un Palestino que con gol de nuestro protagonista se alzó con el título de campeón de Copa en una disputada final ante Unión Española. El fútbol no dejaba de sonreír a Elías Figueroa. Tras una breve segunda etapa en el fútbol chileno decidió cambiar de aires, Estados Unidos parecía buen lugar para un retiro dorado y además compartiría campeonato con Johan Cruyff, Beckenbauer, Gerd Müller o Teófilo Cubillas, coincidiendo con estos dos últimos en los Strickers de Florida.

Poco después retornó, ya de manera definitiva, a Chile, donde anunció su retirada meses más tarde de la Copa del Mundo de 1982, celebrada en España. Así fue como puso punto y final a una carrera plagada de éxitos y por la que fue nombrado a comienzos de milenio por la prestigiosa “Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol” como uno de los mejores jugadores del S. XX a nivel mundial y mejor defensa sudamericano.

A pesar de todo esto su carrera en el plano internacional, donde defendió a su país en hasta 47 ocasiones, no fue de la mano del elevado nivel que mostró con el paso de los años y es que a pesar de tener el récord de jugador chileno con más mundiales disputados (1966, 1974 y 1982) nunca pudo pasar de la fase clasificatoria de grupos, algo que no le impidió formar junto a Franz Beckenbauer parte del eje de la zaga del XI ideal en la Copa del Mundo de 1974, celebrada en Alemania.

Tal vez, una de las anécdotas más sorprendentes de su carrera, se dio en España 1982 cuando a los 35 años de edad se convirtió en el primer abuelo en disputar un mundial, y es que según explicó se casó con 15 años de edad, solo tres menos con los que lo hizo su hija. Récord de récords.

Pero la leyenda de estos grandes futbolistas se agranda con el tiempo y con más buenos actos. Elías Figueroa preside en la actualidad la Fundación Gol Iluminado, a partir de la cual pretende integrar y educar a los más necesitados a través del deporte. Su gran carisma y compromiso se ha visto también recompensado por el Wanderers, el club de sus amores, quién renombró su estadio en favor de nuestro protagonista. Y esta es la, para muchos, desconocida historia de Elías Figueroa.

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