El verdadero origen de la tanda de penaltis.

Esta es la realidad, aunque haya a quién le duela.

Nadie puede negar que los penaltis forman parte de nuestro fútbol. La tensión que se concentra en ese pequeño espacio de once metros entre portero y lanzador sólo puede entenderla aquel que alguna vez ha afrontado ese desafío en el que hay quién asegura que sólo el guardameta puede salir beneficiado. Todo se comprime en unos escasos pero interminables segundos.

El penalti en sí nace a finales del S. XIX, cuando William McCrum, el propietario de un modesto conjunto irlandés, decidió incluir la regla con el fin de frenar la creciente violencia que estaba ensuciando el fútbol, entonces conocido como un deporte de caballeros. La idea fue acogida y comenzó a prosperar hasta llegar a oídos de la Federación Británica, quien decidió incluirla en su reglamento. Un año después, en 1891, el Wolverhampton Wolves se convertiría en el primer equipo en anotar una pena máxima de manera ciertamente profesional. Su rival aquel 14 de septiembre no fue otro que el Accrington.

En España se tiene la falsa creencia de que la tanda de penaltis, esa revolucionaria idea para desempatar eliminatorias y torneos, nació en Cádiz. Cierto es que Rafael Ballesteros Sierra, un conocido periodista gaditano estrechamente vinculado al club, había redactado un reglamento en el que se incluía la tanda como el sistema elegido en caso de tablas al final de la prórroga. Esa situación, tal y como recoge el departamento de historia del Cádiz CF, no se dio hasta el año 1962 cuando el FC Barcelona se impuso al Real Zaragoza de los cinco magníficos (Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra) en la final del Trofeo Carranza. Aquel nuevo método era un tanto particular respecto al actual y es que ambos conjuntos realizarían sus lanzamientos en porterías diferentes y de forma consecutiva.

Pero no, aquella no fue la primera tanda de penaltis de la historia. Es más, ese mismo 2 de septiembre de 1962 y en la ciudad de A Coruña, dos finales se decidieron de esa misma forma. La primera de ellas sirvió para determinar el ganador del Trofeo Victoria de fútbol modesto mientras que la segunda proclamó al Real Betis como vencedor de la VIII edición del Trofeo Concepción Arenal.

Por si fuera poco existen pruebas suficientes que demuestran que ya en la década de los 50’ la Copa de Yugoslavia definía a los ganadores de las eliminatorias a través de tandas de penaltis, siempre que fuese necesario.

Entonces, basándonos en testimonios de distintos historiadores del fútbol, sabemos que aquel conocido episodio en el Trofeo Carranza no fue ni tan siquiera el primero a nivel nacional. Como dice el refranero, “Unos llevan la fama, y otros cardan la lana”.

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