El Súper Depor, un equipo para el recuerdo

Repasamos aquellos gloriosos años del conjunto herculino.

Hace varias décadas, tampoco muchas, el Real Club Deportivo de la Coruña acaparaba cada semana las portadas de los principales periódicos deportivos de la época. Los de Riazor, con Arsenio Iglesias a los mandos y tras más de un cuarto de siglo aletargados, fueron la gran noticia balompédica de los últimos años de milenio a nivel nacional.

Cabe recordar que todo lo acontecido en aquellos mágicos años difícilmente podría haber sucedido de no ser por la dramática promoción de permanencia o ascenso -llámese como uno bien quiera- que en la temporada 1991/92 enfrentó al conjunto gallego con el Real Betis Balompié.

Aquella eliminatoria finalizó con un 2-1 global en favor del Dépor, decimoséptimo clasificado en primera división, y dejó sin el tan ansiado ascenso a un elenco verdiblanco que acabó en cuarta posición en la categoría de plata de nuestro fútbol a tan sólo dos puntos de la promoción directa a la máxima categoría del balompié nacional.

Arsenio Iglesias, el padre del Súper Dépor.

LOS INICIOS

A diferencia de lo ocurrido la campaña anterior, el Dépor comenzó la temporada como un tiro. De tal manera llegó con pleno de victorias a la sexta jornada liguera donde el Real Madrid visitaría tierras gallegas. Allí, ante la atónita mirada del público local los blancos ponían bien pronto tierra de por medio para acabar sucumbiendo ante un equipo que contaba en sus filas con dos futbolistas brasileños hasta entonces desconocidos para muchos de nosotros; Bebeto y Mauro Silva.

Fue entonces, aquel 3 de octubre de 1992, cuando se descubrió ante los ojos del mundo un equipo que haría durante años las delicias de los espectadores. Un elenco que contaba con al menos una estrella -no necesariamente mediática- por línea; Liaño era un auténtico muro que con Djukic, desde el eje de la zaga, resultaba en ocasiones inquebrantable. A ellos debemos sumarle el trabajo de Mauro Silva en una sala de máquinas que corría al compás de Fran, con el gran Bebeto en la delantera.

Y con ellos la samba llegó a Riazor.

La gestión coruñesa, deportivamente hablando, fue magnífica. Augusto Joaquín César Lendoiro fue capaz de confeccionar una plantilla en la que poco a poco fueron recalando grandes jugadores procedentes de otros equipos de mayor solera. Los Voro, Donato, López Rekarte o Aldana, entre otros, fueron progresivamente ilusionando a una ciudad que acabó entregada a un conjunto tremendamente querido en la mayoría de las provincias nacionales y parte del extranjero.

VIVIENDO UN SUEÑO

El finalizar la temporada 1992/93 como tercer clasificado del campeonato liguero les brindó la histórica oportunidad de debutar en competición europea, una aventura a la que puso fin el Eintracht alemán de Jay-Jay Okocha.

Eso sí, en liga a los de Arsenio Iglesias -quien bien merece artículo aparte- no les temblaban las piernas y mantuvieron durante toda la temporada un ritmo frenético que sólo el FC Barcelona de Johan Cruyff pudo aguantar. Esta lucha sin cuartel no se decidió hasta el último minuto del último encuentro liguero, cuando Djukic pudo materializar una pena máxima que hubiera supuesto el primer campeonato para los presididos por Lendoiro.

El balcánico, al contrario que Bebeto, reunió el valor suficiente para enfrentarse desde los once metros a un González que esperaba bajo palos su momento de gloria. López Nieto, colegiado de aquel fatídico encuentro vivido en Mestalla, sopló con fuerza su silbato para que unos segundos después la tristeza inundara a la afición deportivista. Nuestro ya mencionado González detuvo el flojo y centrado lanzamiento para acabar celebrándolo como si de la consecución de una Copa del Mundo se tratase, algo que años después cobró significado tras ser reconocido un apetitoso maletín.

Un momento para el recuerdo.

Mientras tanto, en el palco Lendoiro lloraba desconsolado y Arsenio Iglesias era incapaz de pronunciar palabra alguna. Quien sí dejó un titular fue Paco Liaño, el guardameta santanderino que esa misma temporada recogía su segundo trofeo Zamora consecutivo; “Arrieros somos y en el camino nos encontraremos”.

EL FICHAJE DEFINITIVO

Dicho y hecho. Tan sólo una temporada después el Valencia sucumbió ante el Deportivo de la Coruña en la final copera, un duelo en el que los goles de Manjarín y Alfredo permitieron a los gallegos lograr su ansiado primer gran título. El karma, ese perfecto desconocido para muchos, se convertía en el gran fichaje de la era Lendoiro.

Aquel duelo fue especial desde un primer momento y es que es de las pocas finales -si no la única- que a pesar de ser a encuentro único se disputó en dos días diferentes debido a una enorme tromba de agua que a los 35 minutos de la segunda mitad hizo impidió la práctica del balompié. En la reanudación apenas bastaron 56 segundos para que Alfredo, ante la atónita mirada de un Zubizarreta consciente de lo que acabaría ocurriendo, desequilibrara la balanza en favor de los gallegos.

UNA NUEVA ETAPA

El Súper Dépor de Arsenio Iglesias -el zorro de Arteixo- llegó a su fin para dejar paso, ya casi acabado el milenio, al Euro Dépor del Jabo Irureta. La primera temporada del técnico vasco, leyenda de los banquillos nacionales, se saldó con una cómoda sexta posición que colaba al equipo en UEFA, alcanzándose también las semifinales de la Copa del Rey donde el Atlético de Madrid les apeó en una igualadísima eliminatoria.

La siguiente campaña, la 1999/00, dio comienzo tras una dolorosa derrota ante el Celta de Vigo en el siempre ilustre Trofeo Teresa Herrera. Aquel tropiezo sirvió como toque de atención para un conjunto en el que destacaban los goles de un chico neerlandés, un tal Makaay que años después haría buena carrera en esto del balompié.

Roy Makaay, un delantero letal.

El equipo, sólido en líneas generales, se mantuvo en los primeros puestos del campeonato desde la finalización del primer tercio de competición. Un primer puesto aquel que sólo se vio amenazado -pinchazos mediante- por un viejo conocido; el FC Barcelona. Cierto es que el Zaragoza también estaba al acecho, pero el destino tenía reservado un ring donde los coruñeses tomarían su particular venganza con el elenco culé.

Eso sí, esta vez las circunstancias una vez llegada la última jornada liguera parecían más favorables para los de un Irureta que llevaba semanas confiando en la posible gesta de los suyos. Los gallegos sólo necesitaban puntuar en casa, con el calor de su afición, ante el eterno rival de su más cercano perseguidor; el RCD Espanyol.

La estampa era inmejorable, pero no podían fiarse. Por ello Donato se alzó sobre la defensa perica para anotar el primer tanto del encuentro, un tanto al que Makaay no permitiría vivir en soledad. Los visitantes, con Raúl Tamudo como principal amenaza, continuaron amenazando a un Deportivo de la Coruña que minutos después acabaría grabando con letras de oro su nombre en la historia del campeonato.

Los jugadores, teñidos de rubio, festejaron por las calles de la ciudad el título que pocos años antes se les había escapado de las manos tras haber llegado a rozarlo con la yema de sus dedos. Lendoiro sonreía de nuevo.

Una de las figuras destacadas fue la de su presidente.

UN ÚLTIMO SERVICIO

Aquel título no fue el último. El elenco deportivista vivía sus mejores años y fruto de ellos son las históricas cuatro temporadas consecutivas copando el podio liguero y brindándonos noches mágicas, como aquella increíble remontada europea ante un AC Milán que plagado de estrellas llegaba a Riazor con una ventaja que parecía insalvable.

Ese duelo, grabado en la retina de muchos de nosotros, fue elegido años más tarde por el diario inglés The Guardian como uno de los mejores encuentros que se recuerdan en la Champions League.

Pero lo mejor aún estaba por llegar. El Real Madrid, uno de los clubes más laureados de la historia del balompié, celebraba en 2002 sus cien años de historia y por ello la RFEF les concedió el placer de albergar la final de la Copa del Rey, un duelo al que se presentó el Dépor, fiel a su cita.

Resultó entonces que los de Irureta no habían acudido al Santiago Bernabéu en condición de invitados y es que antes del descanso ya contaban con una cómoda ventaja de dos tantos ante el desesperado público que abarrotaba el feudo blanco para acabar ganando por la mínima un nuevo trofeo copero. ¡Por algo llegaron a ser el cuarto mejor equipo del mundo en 2004 según el coeficiente UEFA!

Una noche para el recuerdo.

TIEMPOS DIFÍCILES

La afición deportivista vive desde entonces tiempo difíciles, sobre todo los que corren en el momento en que se escriben estas líneas. Actualmente, tras años sin rumbo fijo, vagando indistintamente por la primera y segunda categoría del balompié nacional, el equipo vive su momento más crítico en décadas tras haber descendido al tercer escalón de nuestro fútbol y sucumbir en Riazor ante el filial de su eterno rival.

Un episodio negro que contrasta con los magníficos años que hace ya un tiempo -que no tanto-nos regaló el conjunto herculino.

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