El primer «One Club Man»

La tan respetada figura del One Club Man parece haber nacido en España.

Pocos futbolistas pueden presumir de formar parte de esta corta lista, formada única y exclusivamente por jugadores que tan sólo han defendido a lo largo de su carrera una elástica, la del club de sus amores y del que son leyendas.

El primer One Club Man de la historia -a partir de ahora OCM- parece ser José María Belauste, un corpulento mediocentro que formó parte de las filas del Athletic Club durante 20 temporadas, siendo junto al mítico Pichichi el emblema del conjunto vasco en las dos primeras décadas del pasado siglo.

José María Belauste (Bilbao, 15 de mayo de 1889) nació en el seno de una acomodada familia alavesa. Nuestro protagonista fue llamado igual que un hermano suyo, fallecido un año antes de su nacimiento sin haber llegado a cumplir los dos años de edad. Desde el primer momento su gente le dio prioridad al ámbito académico donde, al igual que en el deportivo, Belauste parecía destacar. El mundo del fútbol no era desconocido para él y es que varios de sus hermanos también formaron parte de la primera plantilla del Athletic Club de Bilbao, aunque ninguno de ellos llegó a destacar tanto.

Fue en la temporada 1906, cuando aun siendo un adolescente, dio comienzo a una carrera que se prolongaría por más de dos décadas. En ella disputó casi un centenar de partidos oficiales logrando hasta 7 títulos de campeón de la Copa del Rey, único torneo entonces existente. En su palmarés, además de ser junto a Piru Gainza el jugador que más veces ha levantado el mencionado trofeo, también figuran varios campeonatos regionales así como una medalla olímpica de plata.

Belauste, a pesar de su gran envergadura y corpulencia, era un jugador muy completo, capaz de dar el pase en el momento preciso y sumarse al ataque siempre que la situación lo requiriese. Un mediocentro de los que hoy en día valdrían una fortuna. Además, era un futbolista un tanto peculiar; licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca, pintor en sus ratos libres y que ya había tenido contacto con otros deportes anteriormente, como el lanzamiento de palanca, el montañismo o el tenis. La polivalencia en persona.

Dentro de sus otros logros está el de haber formado parte del primer once de la selección española, aquel combinado que debutó con derrota en los JJOO de 1920 celebrados en Amberes. Fue allí, en la localidad belga, donde forjó tanto su leyenda como la del conjunto español.

Tras la derrota en la primera jornada, la selección española capitaneada por Belauste se enfrentó a Suecia. Un combinado, el nórdico, que no destacaba por su capacidad asociativa sino más bien por su dureza, algo que con el transcurso del encuentro fue animando a nuestro protagonista.

Al inicio de la segunda mitad, cuando los suecos iban por delante en el marcador, José María decidió pedirle a su compañero de equipo Sabino Bilbao un balón aéreo al grito de “A mí el pelotón, Sabino, que les arrollo” para unos segundos más tarde y tras controlar el esférico acabar introduciéndose en la meta rival, llevando por delante a varios defensas, incluido el portero. Aquella actuación, además de ser descrita por el periodista Manuel Castro como hercúlea, sirvió para que el mundo empezase a conocerle como el “León de Amberes” al tiempo que el combinado nacional pasaba a ser “La Furia Roja”.

Esta anécdota es muy controvertida. Ricardo Zamora, el mítico portero, afirmó haber escuchado aquel grito de Belauste, algo que otros compañeros entonces negaron. Nuestro protagonista tampoco quiso nunca hablar de ello, quién sabe si para mantener la leyenda viva.

Una de las cosas que caracterizaba a José María era su peculiar vestuario y es que portaba en su cabeza un pañuelo de cuatro puntas, algo que supuestamente protegería su pelo en los constantes balones aéreos. Pero no, su alopecia campante acabó por ganar aquella batalla.

Lo que poca gente sabe o tiende a omitir cuando habla de Belauste como el primer OCM, es aquella temporada 1916/17 en la que formó parte de la sucursal del Athletic Club en Madrid, algo que técnicamente deja de convertirlo en ese pionero en cuanto a la lealtad a un club. Entonces, ¿tenemos en cuenta este detalle?

Lejos de esta pequeña polémica la vida de nuestro protagonista continuó, aunque no muy alejada de los terrenos de juego. Siempre fue un activista en cuanto al nacionalismo vasco, algo que le da mayor morbo aún a su papel en la selección nacional, donde llegó a ser capitán. Fruto de esta posición política acabó pidiendo asilo político en Francia y México, país este último en el que posteriormente acabaría afincándose y donde daría el salto a los banquillos. Ya en la década de los ’60 fallecería en México D.F. a la edad de 75 años, como víctima de un cáncer de pulmón. Fue justo año antes de su muerte cuando recibió la insignia de oro y diamantes del Athletic Club así como la medalla al mérito deportivo de la RFEF.

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