El neerlandés que temía volar.

Una de las más famosas historias que rodean la figura de Dennis Bergkamp. 

Fue, es y será considerado por muchos como uno de los jugadores más talentosos de la historia de nuestro deporte. Un futbolista elegante, de esos que hacen del balón su mejor amigo y recorren el largo y ancho del terreno de juego con la cabeza erguida, símbolo este de superioridad.

Su historia, al igual que la de otros tantos, comenzó en su ciudad natal, la futbolera Ámsterdam. Ya desde bien joven despuntó y se convirtió en un fijo de las alineaciones de Johan Cruyff conquistando multitud de títulos entre los que destacan reconocimientos individuales como tres trofeos de máximo goleador de la Eredivisie, así como dos de mejor jugador de la competición.

Bien joven ya triunfó en su país natal.

El nombre de Bergkamp comenzaba a sonar con fuerza por todo el viejo continente, siendo el Inter de Milán quién en el verano previo a la Copa del Mundo celebrada en Estados Unidos se llevó el gato al agua. Un evento mundialista al que el bueno de Dennis acudió y que daría origen a su más conocida fobia; El miedo a volar.

UNA EXPERIENCIA TRAUMÁTICA

A Bergkamp nunca le había apasionado el hecho de viajar en avión, algo que sumado a los diferentes incidentes que vivió el rubio ariete en la previa de Estados Unidos 1994 dieron lugar a una más que justificada aerofobia.

El primero de ellos lo vivió aún en tierra cuando minutos ante del embarque el combinado neerlandés vio retrasado su despegue por una falsa amenaza de bomba. Nada mal para empezar una de las citas deportivas más excitantes en la carrera de un futbolista.

Defendiendo la camiseta neroazurra, poco antes de aquella cita mundialista.

La segunda, ahora sí, la vivió en el aire. El avión, según cuentan muchos de los entonces a bordo, entró en una bolsa de aire que provocó la caída libre del aparato durante varios segundos. Por fortuna nadie resultó herido, pero el susto fue más que considerable para todos los tripulantes.

SU MÁS FAMOSA CLÁUSULA

Dennis disputó la Copa del Mundo con total normalidad, pero en su cabeza ya estaba fraguándose la idea de imponer en el contrato de su futuro club una de las cláusulas más conocidas en la historia del balompié; No volvería a volar.

Su elegancia era tremenda, de ahí que más de uno lo calificara de estilista.

Apenas un año después de aquel suceso Bergkamp puso rumbo a Londres y comenzó a hacer efectiva aquella condición que con tanta razón había impuesto. A partir de entonces no resultaba raro ver al estilista neerlandés recorrerse el viejo continente en coche para disputar competición europea. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *