El gol más importante de Javier Zanetti.

Repasamos esta curiosa historia del jugador argentino, anónima para muchos.

La figura de Javier Zanetti (Dock Sud, 1973) es mundialmente conocida. La amplia carrera del Pupi está a la orden del día, incluso años después de su retirada, algo que le convierte en una auténtica leyenda del balompié. Poco o nada queda por descubrir de ella, aunque sí que tal vez exista algo que no todos conocen.

No obstante resulta inevitable no nombrar alguno de sus logros. Por ejemplo, es el futbolista que en mayor número de ocasiones ha defendido la elástica del Inter en la historia del club. En Argentina es un icono del balompié, sólo superado por Javier Mascherano en cuanto a número de participaciones con el combinado nacional. También podríamos incluir que es uno de los pocos futbolistas que ha disputado más de 1.100 encuentros oficiales en su carrera, dato cuanto menos sorprendente. Aún así, la historia del Pupi esconde algo más.

Si en algo estaremos todos de acuerdo es en que Javier Zanetti fue un referente para más de una generación. Un jugador que, junto a Roberto Carlos, revolucionó por completo la imagen que hasta entonces se tenía de los laterales. Su capacidad ofensiva, unida a la fuerza y resistencia que atesoraba, hizo de él un fijo en la zaga neroazurra así como en la albiceleste. Pero no, si algo no tenía nuestro protagonista era gol. Los datos no engañan, sus 25 tantos en más de un millar de encuentros evidencian una clara falta de gol, algo que tampoco le hacía falta.

Llama la atención que con el combinado nacional sólo fue capaz de anotar, dentro de la fase final de un gran torneo, en una ocasión. Fue el 30 de junio de 1998, cuando en los octavos de final de la Copa del Mundo y ante la atenta mirada del público francés, Zanetti batió a Sheaman con un zurdazo impecable tras una gran jugada de estrategia de los de Pasarella. Frente a ellos tenían a la selección inglesa, algo que, tras la Guerra de las Malvinas, hacía que el encuentro transcendiese más allá de lo estrictamente deportivo.

Ese tanto fue más importante de lo que en un principio pudo parecer. Sino que se lo pregunten a Marek Kopacz, un fiscal de la ciudad polaca de Szydlowiec al que la vida sonrió aquella noche de verano. Unos días antes, el bueno de Marek vio como una banda criminal le destrozaba el techo de su vehículo, por lo que decidió modificar su rutina con el único fin de mantenerse a salvo. Por ello, empezó a estacionar en el vigilado parking de la policía de la ciudad, allí la situación estaría controlada. Cada noche caminaba hasta su vehículo para a continuación subirse a él y emprender su más que conocido recorrido.

Pero aquel día fue diferente. Argentina e Inglaterra no fallaron a la cita y ofrecieron el espectáculo que todo el mundo esperaba. Al cuarto de hora de juego la albiceleste iba por detrás en el marcador a pesar del inicial tanto de Batistuta. Los jugadores prácticamente enfocaban el túnel de vestuarios cuando el colegiado concedió un tiro libre al borde del área inglés, era el turno de la pizarra de Pasarella. El técnico argentino, tal y como afirmó posteriormente, llevaba años preparando la jugada idónea, una estrategia que sorprendería a cualquier combinado. El único problema de todo aquello era que Javier Zanetti, quien debía sorprender con su movimiento, nunca había sido parte del plan. La función del Pupi era a priori más sencilla, él sería quien ocupase las posiciones defensivas por si los ingleses, con Alan Shearer y Michael Owen como referencias ofensivas, salían a la contra.

Llegado el momento no había otra alternativa, Javier sabía de la importancia del encuentro y podría cargar con esa responsabilidad puntual. Puestos a imaginar, quien sabe si todo saldría según lo previsto y se convertiría en uno de los héroes del duelo. Zanetti se escabulló tras la barrera e hizo un control orientado hacia su pierna izquierda -la menos hábil- para acabar batiendo a Sheaman, entonces sin coleta. Ni el propio jugador podía creérselo. Este tanto puso las tablas en un marcador que ya no se movería hasta el final del encuentro, decidiéndose el pase a cuartos de final en la tanda de penaltis.

De manera simultánea, a más de 1700km del estadio, Marek Kopacz disfrutaba del encuentro. El duelo había sido muy igualado durante el tiempo reglamentario por lo que la prórroga sería otro capítulo más de aquella encarnizada lucha. Nuestro fiscal se disponía a disfrutar de esa media hora extra de juego cuando escuchó un enorme estruendo que provenía de la calle y decidió asomarse a la ventana de su domicilio para acabar de confirmar sus sospechas. Entre las llamas se podía vislumbrar los restos de lo que parecía ser un vehículo, esos no eran otros que los de su automóvil, ese mismo que habría ocupado en el momento de la explosión de no ser por el gol de Javier Zanetti. ¡El Pupi le había salvado la vida!

Tanto sentía deber a Zanetti que enseguida Marek contactó con Zbignien Boniek, leyenda del fútbol polaco que hizo de nexo entre ambos. El fiscal redactó una carta en señal de agradecimiento que el argentino recibió y no dudó ni un segundo en responder. Una sorprendente e interesante historia que nos demuestra, una vez más, que el fútbol no sólo es un deporte.

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