El Dépor, campeón de liga

La memorable gesta, dos décadas después.

En 1994, un dramático penalti fallado por Djukic en el último minuto de la última jornada impidió al Deportivo de la Coruña ganar la primera liga de su historia. Tiempo después, en la temporada 1999/2000, el destino saldaría una deuda histórica con el conjunto gallego.

El Dépor comenzó aquella liga remontando ante el Deportivo Alavés, con un soberbio Makaay como autor de un hattrick que le daba a los blanquiazules sus tres primeros puntos. El equipo herculino se situó desde el inicio en los puestos altos de la tabla. Sin embargo, la irregularidad sería la tónica de la temporada y tropiezos inesperados les impedían alcanzar la cima de la clasificación. 

En la décima jornada, el F.C. Barcelona, situado como líder, llegó a Riazor. Los pupilos de Irureta salieron en tromba y ya en el primer minuto Makaay inauguraba el marcador. Nuevamanete Makaay, antes del cuarto de hora de juego, batía a Arnau en un mano a mano y noqueaba al elenco azulgrana. En el segundo tiempo Rivaldo acortó distancias, pero todo quedó en una mera anécdota y el Dépor conseguía tumbar al vigente campeón. 

Dos semanas después, los coruñeses goleaban al Sevilla en una gran exhibición de Djalminha y alcanzaban el liderato. Tras ello, demostrarían en el Calderón que su primer puesto no era fruto de la casualidad y arrollaron a un Atlético de Madrid en caída libre, finalizando los colchoneros la campaña en puestos de descenso a segunda división.

Atravesaban la mejor racha de la temporada y apoyados en su fortaleza defensiva así como en la efectividad de su ataque, comenzaban a distanciarse de sus perseguidores. Fue entonces cuando llegó el derbi gallego más apasionante de los últimos años, con ambos conjuntos en lo más alto de la clasificación.

Un solitario gol del Turu Flores, a mediados del segundo tiempo, decidió un intenso choque que sería recordado por el pique entre Mostovoi y Djalminha. Ruso y brasileño se provocaron durante todo el encuentro, acabando el crack carioca expulsado. Ese partido disparó a los blanquiazules en la clasificación, aventajando a sus rivales en ocho puntos.

El Dépor volaba imparable hacia el título, pero un único triunfo en las seis siguientes jornadas frenó en seco toda la euforia. El equipo de Irureta recuperó la moral con un partido de lujo ante el Real Madrid, donde una espectacular lambretta de Djalminha espoleó a un conjunto blanquiazul que se convirtió en un vendaval, y Makaay cabeceó un centro de Víctor al fondo de la red. Poco después, Djalminha, haciendo gala del guante que atesoraba como pie, ejecutó con maestría una falta directa.

La defensa merengue estaba siendo asediada, sin embargo, antes de descanso, el oportunismo de Morientes daba vida a los blancos, pero tras la reanudación el conjunto gallegó salió con la misma decisión y Víctor fusiló a Casillas. En los minutos finales un doblete del Turu Flores provocó el delirio absoluto, cerrando Hierro el encuentro con otro golazo para los capitalinos. Fue una gran exhibición en la que el conjunto gallego recuperó su autoestima y pasó por encima de un Real Madrid que acabaría el año como campeón de Europa.

Tras la euforia, el Dépor cayó derrotado ante el Numancia. El conjunto gallego aún mantenía sus opciones intactas gracias al fortín de Riazor y a falta de diez jornadas, con cinco puntos de ventaja sobre el F.C. Barcelona, tuvieron la opción de noquear el campeonato en el feudo culé. Sin embargo, el Barça salió más enchufado y un centro envenenado de Figo fue materializado por Kluivert, para que poco después Rivaldo batiese a Songo’o, dejando al líder contra las cuerdas. A pesar del afortunado gol de Flávio Conceição, el conjunto azulgrana supo resistir, y mantenía viva la lucha por el título.

El equipo herculino logró aguantar el pulso con los catalanes y tras vencer a la Real Sociedad en la trigésimo cuarta jornada, acarició el título al situarse con 5 puntos de ventaja. Sin embargo, se desinflaron en las últimas jornadas y el campeonato se decidiría en la última fecha.

El 19 de mayo del año 2000, el conjunto blanquiazul necesitaba un empate ante el Espanyol para alzarse, por primera vez en su historia, con el título liguero. El cuadro gallego no quería sorpresas, y a los tres minutos Donato cabeceó a la red un saque de esquina. Makaay avisó poco después con un disparo que se perdió junto al poste, para aprovechar en la siguiente acción un centro de de Manuel Pablo y así sentenciar el campeonato.

Con el pitido final el elenco herculino se proclamó campeón de liga, para alegría de su afición. Este es el Dépor que todos recordamos y queremos volver a ver en primera.

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