Davids, unas gafas icónicas

Repasamos de manera breve la carrera de este icono del balón.

Todos conocemos –o al menos hemos oído hablar– a Edgar Davids, ese centrocampista considerado por muchos defensivo, con un físico envidiable y amigo del balón, todo sea dicho.

Su historia, como la de otros tantos, dio comienzo en Surinam, más concretamente en la ciudad de Paramaribo; actual capital del país, a apenas 15km de la costa atlántica y colonizada en 1603 por los neerlandeses.

Esta ascendencia, bien conocida por muchos de los seguidores del fútbol noventero, permitió a «El Pitbull» defender la elástica de la selección nacional de Países Bajos. Su presencia en este combinado se ve tremendamente justificada si nos ceñimos a algunos de los clubes en los que actuó; Ajax, Milán, Inter, Juventus o FC Barcelona. Poca broma.

En su etapa en el AC Milán.

Sus 168 cm de altura, esos que le han acompañado en una exitosa carrera futbolística, no le impidieron en ningún momento ser un jugador dominante, de esos que en la zona de la medular imponía su físico.

Tal era su condición de estrella que en 2004 se convirtió en el segundo gran fichaje de la era Laporta, una etapa que había comenzado en el mercado veraniego con la incorporación de un prometedor brasileño que respondía al nombre de Ronaldinho. Su paso por el fútbol español fue tan breve –apenas una vuelta– como exitoso, y es que el conjunto culé acabó el campeonato sólo por detrás del Valencia de Rafa Benítez, a pesar de firmar un pésimo arranque liguero.

Fue fundamental en la remontada culé.

Pero si algo siempre llamó la atención fueron sus gafas, esas tantas veces cuestionadas y sobre las que giraron múltiples hipótesis. Unos decían que era una simple moda, otros que se trataba de una estrategia de marketing. Lo cierto es que ninguno tenía razón, con ellas Edgar sólo cuidaba su salud.

A finales del siglo pasado –madre mía, como suena esto– Davids comenzó a sentir presión en el ojo, constantes migrañas y una alta presión arterial. ¡Presentaba un glaucoma! Esto, como es normal, obligó a Edgar en 1999 a pasar por quirófano en previsión de una posible ceguera.

Sólo le quedaría una secuela, si es que así puede llamarse; debería lucir el resto de sus días como profesional del balompié unas gafas que lo protegieran. Así, sin saberlo, se convirtió junto a su nuevo accesorio en un icono del balompié.

Esas inconfundibles gafas le acompañaron hasta 2013, cuando decidió retirarse de los campos tras considerarse un blanco fácil para los colegiados, no sin antes declinar una oferta de River Plate, según cuenta la leyenda.

Lo único cierto es que el bueno de Edgar marcó nuestros días, bien por su carácter guerrero, su físico imponente o su inconfundible coleta.

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